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Origen y significado del Himno eucarístico del Gloria

GloriaInstrucción General del Misal Romano (2002)
Gloria a Dios

53. El Gloria es el himno antiquísimo y venerable por el que la Iglesia congregada en el Espíritu Santo glorifica a Dios Padre y al Cordero, y le suplica. El texto de este himno no puede ser cambiado por otro. Lo comienza el sacerdote o, según las circunstancias, un cantor o los cantores, pero es cantado o por todos juntos, o alternando el pueblo con los cantores, o sólo por los cantores. Si no se canta, lo recitarán todos juntos o alternando en dos coros.
Se canta o se recita los domingos, excepto en tiempo de Adviento y de Cuaresma, en las solemnidades y fiestas, y en algunas celebraciones peculiares más solemnes.

Comentarios:
Las excepciones del canto del «Himno angélico» tienen su fundamento en que se trata de tiempos penitenciales, y que así se da mayor importancia al canto del «Gloria» en la Nochebuena (inicio del Tiempo de Navidad), en la Misa vespertina del Jueves Santo (inicio del Triduo Pascual) y en la Vigilia Pascual (inicio del Tiempo de Pascua).
“En la tradición de su texto se distinguen tres redacciones: la siria de la liturgia nestoriana, la griega de las «Constituciones Apostólicas» y la griega de la liturgia bizantina, que se encuentra en el «Codex Alexandrinus» del Nuevo Testamento. Esta última coincide esencialmente con la redacción occidental… encontramos el documento más antiguo de su texto latino en el Antifonario de Bangor… La redacción exacta de nuestro texto actual se encuentra por vez primera en el salterio del abad Wolfcoz de San Galo (s. IX)” (J 444-445).
Después de comenzar la celebración, purificados de nuestros pecados, comienza la glorificación con este himno de estructura trinitaria y súplica cristocéntrica.

«Gloria a Dios en el cielo y en tierra paz a los hombres que ama el Señor»: Son palabras tomadas del canto de los ángeles la noche del nacimiento (Lc 2, 14). La Iglesia terrena se une a la Iglesia del cielo y así participamos de la liturgia celestial.

«Por tu inmensa gloria, te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias Señor Dios, rey celestial, Dios Padre todopoderoso»: La primera parte está dirigida a Dios Padre. Se bendice, glorifica, da gracias a Dios por su gloria.

«Señor, Hijo único Jesucristo, Señor Dios, cordero de Dios, Hijo del Padre»: La segunda parte mira a Cristo, como mediador, con la tradicional súplica ternaria:

«Tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica.
Tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros».

«Porque sólo tú eres Santo, sólo tu Señor, sólo tu Altísimo, Jesucristo con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén»: Este himno comienza desde el Padre, por Cristo, y termina nuevamente en el Padre en el Espíritu Santo, lo que muestra el dinamismo trinitario de la liturgia.

Para este himno, como para los demás cantos del Ordinario de la Misa, valen los siguientes principios enunciados en la Instrucción «Musicam Sacram»: “Al establecer las traducciones populares que han de ser musicalizadas -especialmente, la traducción del Salterio- los expertos cuidarán de compaginar bien la fidelidad al texto latino con la aptitud para el canto del texto en lengua vernácula. Se respetará el carácter y las leyes de cada lengua; se tendrán en cuenta también las costumbres y el carácter particular de cada pueblo” (MS 54). “Pertenecerá a la [Conferencia de Obispos] decidir si pueden utilizarse aún determinados textos en lengua vernácula procedentes de épocas anteriores, y a los cuales están ligadas melodías tradicionales, aún cuando presenten algunas variantes con relación a las traducciones litúrgicas oficiales en vigor” (MS 55). Este es el caso de la versión del Gloria de la «Misa criolla», de indudable valor artístico, pero que no fue hecha para la liturgia, y por lo tanto es de difícil ejecución para la asamblea. Nunca fue aprobada por la Conferencia Episcopal Argentina (= CEA) para cantarse en la Misa.
Pero debemos recordar que “los pastores de almas cuidarán de que, además de en lengua vulgar, «los fieles sean capaces también de recitar o cantar juntos en latín las partes del Ordinario de la Misa que les corresponda» (SC 54)” (MS 47).

Cogido del B.L. San Pio X.

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  • http://www.idyanunciad.com vive

    Bueno, yo no soy liturgista y me gusta aclarar que no soy ninguna autoridad competente referente a estos temas, pero si te puedo dar mi experiencia.

    Yo recuerdo que hace muchos, muchos años.. si se hacia desde el altar, el salmo tenia su monicion y el canto final se hacia desde el ambón. (atril)

    Con los años he visto una tendencia a que el Gloria se hace desde el sitio del salmista, (nosotros lo hacemos así ) ,no se hace monición al salmo y el canto final desde el sitio del salmista.

    El ambon es solo para proclamar la palabra de Dios, es verdad que a veces los salmistas estamos tan contentos que subimos al ambon y hacemos el canto final salmista y acompañantes.. y esque cuando el Señor pasa… es dificil ajustarse a las normas, pero tampoco creo que sea algo grave, aunque algún liturgista podrá no estar de acuerdo conmigo.

    En cuanto al gloria efectivamente nosotros ahora lo hacemos desde el sitio del salmista, pero posiblemente te encuentres con muchisimos hermanos que lo hagan como antiguamente.

    Como verás no te he aclarado nada, soy bastante reacio a decir “que es lo correcto” porque hoy es y mañana deja de serlo…

  • parrarj

    Hola vive. Antes que nada quiero felicitarte a ti y a tu equipo por esta gran iniciativa de la que no hay duda que es inspiración divina, ya que es una herramienta por la que muchas personas podrán acercarse a Dios, nuestra fuente de vida y gozo. Que nuestro Señor les bendiga y les permita las herramientas y recursos para continuar con esta noble misión!!.
    Me pareció bien interesante este artículo. Me gustaría consultarte, ya que estás bien documentado, acerca de una duda que tenemos los salmistas en mi parroquia sobre el canto del Gloria durante la eucaristía catecúmena. Hemos visto en convivencias nacionales y jornadas mundiales que nuestros catequistas, unas veces cantan el gloria desde el ambón y otras desde su sitio a un lado de la presidencia. En aras de respetar la liturgia y sin intención de caer en legalismos, ¿cuál debe ser la forma correcta?