¿Rezar o no rezar?

manos4Quiero compartir con vosotros este artículo porque estoy profundamente convencida de que en rezar o en no rezar, nos va la vida, no solo la nuestra sino la del mundo entero. Nuestra lucha no es contra la carne ni  la sangre,…

Siempre me ha llamado la atención, cuando lo veo por televisión o cuando alguien me lo platica, la religiosidad pública que se vive en los países orientales, como Japón, Corea, India, China; o en los países del Medio Oriente, donde musulmanes, judíos, hindúes o budistas no tienen ningún reparo en ponerse a rezar, estén donde estén y estén con quien estén, cuando llegan sus horas de oración.

 Contrasta esto con el mundo cristiano, que a regañadientes vamos a Misa los domingos, la soportamos creyéndonos entre mártires y héroes, y desconectamos de Dios el resto de la semana.

 Yo, ciertamente, he visto rarísimas veces si es que nunca, a un católico sólo en un parque con el Rosario en la mano o con un libro de oraciones. No sé si el problema es que nos avergüenza que la gente nos vea rezar, o que somos analfabetos en ese mundo de la oración, o es que simplemente nos contentamos con mínimos o con saber que otros rezan por mí; y por eso, cuando sabemos que algún tipo raro reza mucho lo primero que le decimos al afrontar un problema es que rece por nosotros.

 Juan Pablo II, en su exhortación apostólica “Iglesia en América” decía que la oración, tanto personal como comunitaria, es un deber para todo cristiano. ¡Un deber en un mundo que lo único que ensalza son los derechos! ¡No una opción! ¡No una decisión o un gusto! ¡Un deber! ¡Qué palabra más fuerte y más antipática! En otras palabras una obligación, algo moralmente obligatorio; es decir, algo que cuando se deja de hacer se cae en omisión o en negligencia.

 En su carta apostólica “Al comienzo del Nuevo Milenio”, el Papa añadía este pensamiento: “Se equivoca quien piense que el común de los cristianos se puede conformar con una oración superficial, incapaz de llenar su vida. Especialmente ante tantos modos en que el mundo de hoy pone a prueba la fe, no sólo serían cristianos mediocres, sino cristianos con riesgo. En efecto, correrían el riesgo insidioso de que su fe se debilitara progresivamente, y quizás acabarían por ceder a la seducción de los sucedáneos, acogiendo propuestas religiosas alternativas y transigiendo incluso con formas extravagantes de superstición”.

 Hoy, a nadie sorprende que algún familiar lejano o cercano, vecino o amigo ande coqueteando con grupos raros pseudo – religiosos que parecen tener la varita mágica para solucionar cualquier problema. Hoy, a nadie sorprende, que la amiga de su hija crea firmemente en la lectura de cartas o en el poder de los astros. Hoy, a nadie sorprende que alguien desde la televisión nos hable de las buenas o de las malas vibras que nos acechan y nos facilite remedios eficacísimos para lograr hacer limpias o para curarnos del mal de ojo del que podemos estar siendo víctimas.

 Esas formas extravagantes de superstición que ya invaden todos los ámbitos de nuestra sociedad, y esas propuestas religiosas alternativas a las que se refiere el Papa, no son ciencia o religión – ficción; son una consecuencia lógica de una Iglesia que no ora, que no se da tiempo para entrar en la atmósfera y en los terrenos de Dios.

 Cristiano que no reza, cristiano con riesgo. Salgamos, pues, de ese peligro, de ese riesgo. La solución es, en la teoría muy sencilla. Ser hombres y mujeres que se toman en serio a Dios; que lo buscan; que tratan de hablar con él; hombres y mujeres que defienden cada día un tiempo para buscar luz y respuestas en Dios. En definitiva, hombres y mujeres que rezan con la misma naturalidad con la que van al supermercado, al gimnasio o al trabajo, y que además no les da vergüenza hacerlo.

Ignacio Buisán

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  • Rosa Ines Zelaya.

    Gracias por confirmarme con este articulo y con estos comentarios lo importante que es la oracion para todo aquel que se jacte llamarse cristiano,yo precisamente estoy en una lucha constante para entrar en oracion a diario pues estoy muy debil espiritualmente y muy inconstante , pero tengo la confianza en Dios y la virgen santisima madre adorada que voy a llegar a lograrlo el orar constantemente , con un corazon humilde arrepentido de sus pecados y anhelante de tener esa intimidad con Dios. Bendiciones para todos.

  • Evis de Guerrero

    cuando era pequeña rezaba con las hermanas del colegio, luego con mi mama algunas veces (los viernes) rezabamos el rosario, pero era eso, repetir y me quedaba dormida, asi es, para ser sincera eso me ocurria; actualmente hago oracion yo hablo mucho papá Dios, es interactuar con El, hay mucho dialogo que no se de donde sale, hay lagrimas puedo sentir su presencia y es intima conversación con el Creador; antes me daba pena hablar de Dios… ahora no! cada vez que tengo oportunidad puedo manifestar al que este a mi lado el amor de nuestro Dios para con nosotros y toda esta experiencia es hermosa, grata, me llena el corazon

  • sanber01

    comparto lo que dices mauricio……excelente articulo..y hay que recordar que la oracion mueve la mano del que todo lo mueve…..y para todos los jovenes acordemonos que la oracion mata la pasion …esto para mantenernos castos y puros dando la batalla al enemigo que ya sabemos que quiere hacernos caer y que ofendamos al señor……..y lo logramos con la importante ayuda de la Santisima Virgen Maria Nuestra Madre y abogada Celestial……la paz

  • Mauricio

    Muy bueno el artículo, sólo quería agregar una cosa que un día escuché por ahí al respecto; Orar es tener esa intimidad con el Amado, Jesucristo.
    Uno puede hacer muchas cosas, puede ser un excelente catequista, salmista, consagrado, ayudar a los pobres, etc, pero si no hay intimidad, todo esto está en riesgo como indica el artículo. Por ejemplo un matrimonio, él un excelente padre muy preocupado, también excelente marido, atento a las necesidades de su esposa, fiel, cariñoso, etc, ella excelente madre, buena esposa preocupada de las necesidades de su esposo,fiel, cariñosa, etc, PERO si no hay esa intimidad todo esto (que está muy bien) está en peligro. Esa intimidad es ese tuyyo, no sólo en lo sexual sino ese cuerpo que es uno solo: tuyyo. Así con Cristo Tuyyo. La Santísima Virgen María es una ayuda importantísima en ese encuentro intímo.