Algunas inscripciones de las catacumbas de San Calisto

180catacumba“¡El Creador te había entregado a mí, como un santo don!”” (ICUR, I, 1496).

Las lápidas sepulcrales nos presentan el matrimonio como una comunión de almas y de cuerpos. Se insiste mucho en la unión de los cónyuges como compañeros de vida y en las alegrías de la vida en común… Los primeros cristianos consideraban el matrimonio como una unión exclusiva, según se desprende de los elogios a una mujer difunta. Su fidelidad total y su comportamiento honesto y recatado son testimonio de un amor único. Se recuerdan la honradez y la castidad del marido.
El matrimonio comporta, además, una disciplina de vida, a la cual concurren la perseverancia y el aprecio de valores convergentes de ambas partes, como son la fe y la oración, de modo que alcancen una edificante ejemplaridad en el propio estado. El cristiano honra de este modo el vínculo matrimonial, y más aún, descubre la presencia de Dios en el propio matrimonio, como se ve en la exclamación de un tal Ciríaco, que se dirige a su esposa difunta con esas palabras.
En otras lápidas encontramos textos tan hermosos como los siguientes:

 

“Celso Eutropio a su esposa… que vivió conmigo sin darme nunca el más mínimo disgusto. Su vida alcanzó los 31 años, 9 meses y 15 días. Pasó con su marido 10 años y 9 meses. Fue sepultada 7 días antes de las calendas de… Murió el jueves. Bienaventurada en paz” (ICUR, IV, 11241).
“Flavio Crispino a Aurelia Aniana, benemérita esposa, que vivió 28 años. La tuve en matrimonio 9 años con amor, sin que ocasionara ninguna amargura a mi alma. Que te encuentres bien, mi amada. Que estés en paz con las almas santas. Que estés en Cristo” (ICUR, IV, 12566).

“Probiliano a su esposa Felicidad, cuya fidelidad conocieron todos los vecinos, lo mismo que la honestidad de sus costumbres y su bondad. Nunca traicionó a su marido en ocho años de ausencia. Fue sepultada en este lugar santo el 30 de enero” (ICUR, IV, 10953).

“Al queridísimo marido Alejo, alma dulcísima, lector en la parroquia de la Fullónica. Vivió conmigo quince años. Se casó conmigo a los dieciséis. Virgen para virgen  (es decir, no hubo relaciones prematrimoniales),  del que no recibí ninguna amargura. Descansa en paz con los Santos, con los cuales has merecido (vivir). Sepultado el 15 de diciembre” (ICUR, IV, 11798).

“Por el singular amor a la esposa y por su admirable caridad, Afrodita (hizo el sepulcro) para Antonio, esposo queridísimo, que vivió 25 años, un mes y 7 días. En paz” (ICUR, IV, 11809).

“A Quinto Ofelia Trófimo. Elia Capitolina hizo la inscripción para el mando santísimo (persona muy buena y justa) y se unieron los hijos (al recuerdo del padre)” (ICUR, IV, 10059).
O bien:
“A Aurelio Macrobio. Cornelia Victorina al queridísimo marido y los hijos Aurelio, Demetrio y Genadio (hicieron la lápida) al padre. En paz” (ICUR, IV, 12574).

“A Esteban y Generosa, padres dulcísimos, que vivieron largo tiempo sin reñir jamás. El desventurado Druso hizo el sepulcro a sus beneméritos padres” (ICUR, III, 9170).

A Junio Acuciano, que vivió casi diez años. Benemérito en paz. Sepultado el… En la tumba que ves, descansa un muchacho gracioso en el hablar pese a sus pocos años. Cordero raptado para el cielo y entregado a Cristo”

Benemérito por encima de todo lo imaginable… Agustín vivió 15 años y tres meses. Su piadosísima madre a su dulcísimo hijo en la paz eterna” (ICUR, IV, 11823).

“Al carísimo hijo Macedoniano, más dulce que toda la dulzura de los hijos, que vivió en esta tierra nueve años y veinte días. Uno de sus padres hizo la tumba a su querido. En paz”

“A Segunda, de admirable bondad, que vivió 20 años con fe sincera. Fue de honradas costumbres. Conservó siempre su virginidad. Murió en la paz del Señor. A la benemérita paloma sin hiel (sin malicia en el hablar). Sepultada el 15 de julio bajo el consulado de Mamertino y Nevitta” Año 362 (ICUR, IV, 9558).

“…en las calendas de abril (= el 1° de abril) …(la esposa) y Valente, en vida (hicieron el sepulcro) para la hija dulcísima Valentina (actualmente) en la paz (del Señor).
Oh, Valentina, dulce y muy querida, me vence un llanto irrefrenable y no puedo proferir palabra. A quien dirigiste tu sonrisa, ésta (la) conserva en el corazón y le añade (otras) lágrimas, que no puede calmarle el dolor. De improviso (te) arrebató el cielo”

“Esta es la tumba de Heliodora Pascasia, cuyo padre adoptivo León murió el día… de agosto… a la edad de… años” (ICUR, IV, 11334).

Antonio Baruffa, Las Catacumbas de San Calixto. Historia – Arqueología – Fe.

 

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