Nueve consejos para mejorar el servicio de lector

leyendo-la-bibliaPrimero. Leerse antes la lectura. Mejor dos veces (una para saber qué dice: la segunda para fijarse en las palabras o nombres que nos puedan resultar más difíciles). Y, aún mejor, leerla en vos alta (así “tropezamos” con las dificultades y luego las podremos evitar).

 Segundo. Es decisivo cómo comenzamos la lectura. Para que el que lee y para quienes escuchan. Para quien lee, porque si empieza a acelerarse desde el principio o empieza inseguro, la cosa irá empeorando. Para quien escucha, porque si el principio no se entiende, la atención cae en picada.

 Tercero. Para que se nos oiga y entienda bien, son importantes dos cosas: la primera es no bajar la cabeza, y la segunda es abrir más la boca de lo habitual. Con la cabeza alta, la voz resultará más clara y el tono más elevado (si hace falta, podemos levantar el libro). Abriendo bien la boca, las vocales nos saldrán más redondas y las consonantes más contrastadas.

 Cuarto. Durante la lectura, nos ayudará el mantener la ilusión en el servicio que estamos realizando (prestamos nuestra voz a la Palabra de Dios y servimos a la comunidad cristiana). Esta ilusión oir hacer bien -con sencillez- este servicio, hará que leamos con tonalidad amable, no agresiva ni hiriente pero tampoco desganada. Porque toda lectura de la Palabra de Dios es una “buena y alegre noticia”.

 Quinto. Conviene leer del mismo  Leccionario, no de hojas sueltas (‘el domingo”) o misalitos.  Porque para eso está el Leccionario (y es dar nobleza a la lectura). Y porque su letra es más grande y el texto está mejor distribuido.

 Sexto. Si nos equivocamos en una palabra – a todos puede pasar- lo correcto es detenernos un momento y volverla a decir con calma (pero no hace falta decir: “perdón”).

 Séptimo. Ya que antes de leer en público, nos habremos leído el texto, sabremos si se trata de una narración, una exhortación, una reflexión, etc. Y nos hará alegría  saber atinar en el modo adecuado  de leerlo. Por ejemplo. si es una narración saber distinguir el tono del narrador, el de los diálogos… Si es una exhortación saber leerla con convicción. Atinar en todo eso no es difícil: basta buen sentido y ganas.

 Octavo. Puede sorprender pero o para una buena lectura son muy importantes los silencios. Los silencios -las pausas- dan luz a las palabras. El lector que sabe respetar los silencios (por ejemplo, en los puntos y aparte) y además aprovecha para respirar, es casi seguro que se hace escuchar.

 Noveno. En todo es bueno escuchar la opinión de los otros. Por eso, sería conveniente que las personas que leen habitualmente en cada iglesia, se encontrarán para intercambiar opiniones, para hacer algún ejercicio de lectura, etc.

 

boletín liturgico Pio X

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  • cristina almanzar

    es interesante este articulo pues soy lectora y siempre cuando leo trato de tener presente estos puntos y estoy de acuerdo con que los lectores de otras iglesia nos juntemos para compartir nuestras opinioes bendiciones y la paz.