¿Cómo nacieron las parroquias?

El cristianismo empieza a crecer.

Cuando los cristianos dejaron de ser una minoría y se empezaron a crear comunidades a lo largo de todo el imperio romano, surgió la necesidad de establecer un orden. Entonces se recurrió a la división por territorios, aunque en ese tiempo el criterio primordial para pertenecer a una parroquia no era por cuestiones geográficas, sino por elección; es decir, yo podía asistir a orar y a Misa a una comunidad de la cual viviera físicamente lejos.

Hace 1600 años las comunidades cristianas empezaron a crecer, originalmente estaban concentradas en las ciudades pero empezaron a fundarse en zonas rurales. Al mismo tiempo el «catecumenado», es decir el proceso para bautizar a gente adulta, dejó de ser una práctica común, dando paso al bautismo de niños tal como hoy lo conocemos. Cien años después inicia la construcción de edificios especiales para celebrar los ritos católicos.

Y llegó el emperador Carlomagno

Entre los siglos VIII y IX fue un momento significativo en la evolución de la parroquia porque el emperador Carlomagno dividió el imperio en diócesis y parroquias, «buscando mejorar la vida espiritual y la unidad en torno a la dependencia jurídica del obispo frente a las injerencias de los señores feudales». Aquí se designa que los fieles pertenecen a la parroquia por circunscripción y no por libre elección.

En los siglos XVIII y XIX la parroquia vive la influencia de los cambios sociales: el mundo ya es más parecido al que conocemos, la era de los reyes había quedado atrás, ahora el mundo se dividía en repúblicas y países; la Iglesia tenía que convivir con otras formas de pensamiento, con ideas contrarias incluso a ella. Se empieza a ver la importancia de los laicos en la acción pastoral y la necesaria independencia de la Iglesia respecto de los poderes públicos.

En la actualidad

El movimiento misionero, nacido en Francia en los años 40 del siglo XX, puso en crisis el modelo de parroquia aludiendo a la falta de misión de la institución. Empezó a nacer la «sociología de la misión», y una ponencia de Yves Congar, titulada «Misión de la parroquia», proclamó la necesidad de la parroquia abierta a la sociedad. Empezaron actividades parroquiales para acoger a jóvenes, marginados etc. Entonces se empezó a ver la parroquia no como el mero lugar para celebrar sacramentos, sino para acoger a distintos grupos sociales con el fin de mostrarles la riqueza cristiana e instruirles en ella.

En la actualidad, nuestras parroquias acogen diferentes movimientos, tienen diversos grupos, existe un consejo parroquial formado por representantes de las distintas expresiones que surgen en esa comunidad de fieles, se propone una parroquia rica en las actividades litúrgicas, pastorales, sociales y misionales; éste es el reto.

Por Omar Árcega E.

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