Cuaresma, lucha contra “el falso yo”

Cuando este falso yo se da cuenta de que hemos experimentado una conversión y vamos a practicar todas las virtudes que nos hemos propuesto, suelta la carcajada y nos reta diciéndonos -¡Inténtalo!-

En ese punto experimentamos la intensa lucha espiritual en nuestro interior, el dilema entre lo que deseamos hacer y sentirnos que debemos hacer, y nuestra increíble incapacidad de hacerlo. El apóstol Pablo se refiere a esto cuando se lamenta, diciendo:

Y ni siquiera entiendo lo que me pasa, porque no hago el bien que quisiera, sino, por el contrario, el mal que detesto. Ahora bien, si hago lo que no quisiera, reconozco que la Ley es buena; pero, en este caso, no soy yo quien obra mal, sino el pecado que esta dentro de mí. Bien sé que en mí, o sea, en mi carne, no habita el bien. Puedo querer el bien, pero no realizarlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Por lo tanto, si hago lo que no quiero, no soy yo quien está haciendo el mal, sino el pecado que está dentro de mí. Descubro entonces esta realidad: queriendo hacer el bien, se me pone delante el mal que está en mí. Cuando me fijo en la Ley de Dios, se alegra lo íntimo de mi ser; pero veo en mis miembros otra ley que esté en guerra con la ley de mi mente, y que me entrega como preso a la ley del pecado inscrita en mis miembros. ¡Desdichado de mí! ¿Quién me librara de mí mismo y de la muerte que llevo en mí?(Rom. 7:15-24)

Esta visión es el comienzo de la verdadera jornada espiritual. Aceptamos, con el corazón triste, que se trata de una jornada bien larga. Comprendemos que estamos enfrentados con una fuerza sutil que es poderosa y está bien arraigada. Para desmantelar estas escalas de valores y reemplazarlas con los valores del evangelio hace falta algo más que unas cuantas experiencias espirituales. Estas pueden continuar siendo como entretenimientos que nos exaltan si no nos proponemos desarmar el falso yo y practicar las virtudes. Los momentos sublimes espirituales nos proporcionan una mejoría pasajera, pero una vez que pasan nos dejan en el mismo punto donde estábamos al comenzar y con los mismos problemas.

Poco después de que Jesús fue ungido por el Espíritu Santo en el río Jordán, el mismo Espíritu lo condujo al desierto para ser tentado por el demonio. La cuaresma es nuestra lucha con las mismas tentaciones. El desierto bíblico simboliza la confrontación con el falso yo y la purificación interior. Las tentaciones de Jesús estaban dirigidas a cada una de sus necesidades instintivas. No sucumbió ante ellas a pesar de que las experimentó en toda su intensidad. “Nuestro sumo sacerdote no se queda indiferente ante nuestras debilidades, por haber sido sometido a las mismas pruebas que nosotros, pero que a Él no lo llevaron al pecado” (Heb. 4:15).

Thomas Keating, O.C.S.O. “Invitación a Amar”

http://www.monasterioescalonias.org/reflexion-semanal/362-cuaresma-lucha-contra-qel-falso-yoq-thomas-keating-ocso.html

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  • Ánimo Rosa Ines¡¡
    Cuenta con nuestras oraciones. la Paz

  • Rosa Ines Zelaya

    Me encanto este articulo, viene en mi auxilio en estos dias que estoy experimentando muchas atribulaciones ; gracias realmente me complacen.