Lectio. El arte de la lectura santa

Un día, varios discípulos fueron a ver al abad Antonio. Con ellos estaba el abad José. Para probarlos, el anciano les propuso un pasaje de las Escrituras y les fue preguntando lo que significaba, empezando por el más joven. Cada uno dio su opinión de acuerdo con lo que sabía. Pero el anciano decía siempre: «No lo has entendido». Por último, preguntó al abad José. «¿ Cómo explicarías tú este dicho?», y el abad José respondió: «No sé». Entonces el abad Antonio dijo: «En verdad, el abad José ha encontrado el camino, pues ha dicho: “No sé”».

La contemplación no es una devoción privada; es un modo de vida. Cambia nuestra manera de pensar. Modela nuestra manera de vivir. Cuestiona nuestra manera de hablar, la meta adonde nos dirigimos y lo que hacemos. No podemos decir que «contemplamos» o «no contemplamos». Vivimos la vida contemplativa.

Al mismo tiempo, hay un instrumento de la vida contemplativa que, de una manera especial, conduce a la mente a nuevas profundidades, confiere al alma nuevas dimensiones y ensancha la visión más allá que cualquier otra cosa. En la Regla de san Benito, por ejemplo, se asigna más tiempo a esta práctica que a cualquier otra actividad, exceptuada la oración formal. Se trata de la lectio. La lectura ponderada y reflexiva de la Escritura y de lo que la Regla de san Benito denomina «otros libros santos» proporciona el trasfondo sobre el que se vive el resto de la vida. Es en la lectio donde la mente monástica llega a conocerse a sí misma.La lectura atenta de la Escritura hace dos cosas: nos dice lo que nosotros llevamos a la Palabra de Dios y nos confronta a diario con lo que la Palabra de Dios nos trae a nosotros.

La lectio monástica es la practica de leer a diario pequeños pasajes —una página, un párrafo, una frase— y «rumiarlos» buscando en ellos el significado de una palabra, una frase o una situación que nos interese o nos llame la atención. Entonces empieza el combate del alma y se formulan preguntas como: ¿por qué esta palabra o este pasaje significa algo para mí?; ¿por qué esta palabra o esta situación me molesta?; ¿qué significa para mí?; ¿qué me dice?; ¿qué sentimiento despierta en mí? La lectio es un proceso lento, reflexivo, que nos hace descender, por debajo de las preocupaciones del momento y las distracciones del día, hasta ese lugar donde el alma guarda los residuos de la vida.

Entonces comienza lo duro y doloroso. Ahora tengo que descubrir en mí mismo lo que esta palabra, esta frase, esta situación me pide aquí y ahora. ¿Qué exige de mí esta percepción y qué es lo que me impide hacerlo? Las respuestas vienen de todas partes: todos los viejos recuerdos afloran, todas las luchas actuales adquieren un nuevo perfil. Obviamente, hay en mí un vacío que necesita ser colmado, una visión que necesita tomar forma, un ánimo que necesita afirmarse. ¿Qué es?

Tal vez de repente, o quizá de una manera dolorosamente lenta, empiezo a ver en mi interior. Se abre el abismo entre lo que soy y lo que tengo que ser si la vida divina ha de realizarse alguna vez plenamente en mí. Ya no me es posible encubrirlo ni ignorarlo. Ya no tengo adónde ir, si no es al corazón de Dios con brazos y manos abiertas. Entonces nos abrimos al trabajo de la divinidad en nosotros, al Único que recompone todas las fracturas, a la Vida que bulle en nuestras zonas más muertas y resecas.

Día tras día, año tras año, el contemplativo penetra en la Escritura, recupera la santa sabiduría de todos los siglos, se hunde en la Verdad del tiempo, y en cada momento aprende algo nuevo acerca de su combate interior, acerca de la divinidad, acerca de la vida. Los contemplativos, como el abad José, nunca «saben» realmente lo que algo «significa». Lo único que llegan a saber, y cada vez mejor, en cada frase que leen cada día de sus vidas es que la divinidad vive en lo más profundo de ellos y los llama.

Para ser contemplativo, tengo cada día que consagrar un tiempo a llenarme de ideas que acaben llevando mi corazón al corazón de la divinidad. Entonces, algún día y de alguna manera ambos corazones latirán en mí como uno solo.

La vida iluminada, Joan Chittister, OSB

http://www.monasterioescalonias.org/reflexion-semanal/402-lectio-el-arte-de-la-lectura-santa.html

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