Oyeron el llamado sacerdotal

Insistentes mensajes a la conversión en boca de un laico generaron ayer que el estadio “Mágico” González presenciara la entrega colectiva de decenas de muchachos a la vocación del sacerdocio. Un niño de siete años, arrodillado en el altar principal, fue parte de los que se sintieron llamados.

Lejos del silencio reverente en el cual se cree que sería más fácil escuchar el llamado de Dios, decenas de jóvenes decidieron entregar su vida al servicio religioso: los hombres al sacerdocio, las mujeres para monjas.

Provenientes de toda Centroamérica y el Caribe, centenas de muchachos se congregaron ayer en el estadio “Mágico” González en esta capital para celebrar el III Encuentro Vocacional de Jóvenes de las Comunidades del Camino Neocatecumenal liderado por su fundador: Kiko Argüello, un pintor español que años atrás decidió irse a vivir a una zona marginal de Madrid convencido de que Dios habita entre los pobres.

Argüello, quien dice haber sido inspirado por el Espíritu Santo para crear la primer comunidad neocatecumenal, predica el camino de la renovación de la Iglesia católica a través de una especie de reconversión.

“Es el redescubrimiento de las riquezas del bautismo”, explicó uno de los salvadoreños que asistió al encuentro al ser consultado sobre su participación en la actividad, donde los jóvenes, y no muy jóvenes, vestían camisetas alusivas al camino neocatecumenal, algo que parece ir ganando cada vez más espacio al interior de la Iglesia católica.

El arzobispo de San Salvador, Monseñor José Luis Escobar Alas, pronunció una homilía ante los muchachos. En ella subrayó las bondades de entregarse al servicio de la Iglesia y habló de su experiencia religiosa desde que era un niño.

Entre cánticos, el bullicio común de una multitud que intenta estar en silencio y el sonido de disparos en el polígono de tiro de este centro deportivo, llegó el momento culminante del encuentro: el llamado al servicio religioso.

“Quietos todos, no se mueva nadie, guarden silencio y oremos”, dijo Argüello, logrando que, al menos por 30 segundos, el ambiente en el estadio permitiera una leve concentración en la oración que culminó con la petición a los jóvenes que sintieran el llamado a acercarse a la tarima principal.

Pocos minutos después de esta oración la tarima se llenó de muchachos. Muchos de ellos, con lágrimas en los ojos, aseguraban tener vocación para el sacerdocio.

“Aquí hay un chaval de siete años y dice que quiere ser sacerdote”, anunció con entusiasmo Kiko Argüello al entregar el micrófono a Carlos Emilio, el menor que de rodillas y en este ambiente impregnado de religiosidad hizo sus primeros votos.

Escrito  por Estela Henríquez

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