“Me iba a pegar un tiro, pero Dios tuvo misericordia de mí”

Comienzos. Kiko Argüello muestra una vieja fotografía de la barraca donde vivió  con un grupo de gitanos en el barrio Los Palomares, de Madrid, donde  nació la primera comunidad neocatecumenal.

CUANDO YA EL ATEÍSMO HABÍA PERTURBADO SU VISIÓN DE LA VIDA Y SU EXPERIENCIA DE FE FAMILIAR, DIOS LO TOCÓ PARA TRANSFORMAR DEFINITIVAMENTE SU CORAZÓN Y GUIARLO POR UN NUEVO CAMINO.

Miguel Franjul y Ramón Urbáez
Santo Domingo / listin.com

Cuando Kiko Argüello no encontraba en su furibundo ateísmo la respuesta al porqué de su existencia, pensó en pegarse un tiro. Pero Dios lo salvó.

En una entrevista con el director de LISTÍN DIARIO, Miguel Franjul, y el periodista Ramón Urbáez, Argüello, al lado del cardenal López Rodríguez y el arzobispo de Santiago, Ramón de la Rosa y Carpio, narró con simplicidad y drama su experiencia de vida, cuando siendo ateo, comunista radical, con la cabeza llena de prejuicios contra la Iglesia y el cristianismo, había llegado a ese punto de que quería suicidarse.

Después de una impactante experiencia personal de conversión, pasó tres años junto a los más pobres entre los pobres en las barracas de Palomeras Altas en Madrid, que le permitieron encontrar la fe e iniciar el Camino Neocatecumenal, un movimiento ha sido aprobado por la Santa Sede y que hoy cuenta con casi un millón de seguidores en todo el mundo.

¿Cómo llegó usted a ese convencimiento del amor de Dios y cómo logra transmitirlo a tantas personas, a través del Camino Neocatecumenal?
Soy el hijo mayor de cuatro hermanos, mi padre era abogado y mi madre una mujer abnegada. Me siento sorprendido de lo que Dios ha hecho conmigo y lo que hoy hace en todo el mundo. Hace más de 40 años que Dios permitió que yo tuviera una crisis de fe, que se agudizó cuando ingresé a la universidad.

Mis padres eran católicos. Yo soy pintor. Estudié Bellas Artes en París y había ganado premios internacionales, pero entré en una crisis existencial que me llevó a dejar la Iglesia y a plantearme seriamente la vaciedad de vida, y a cuestionar la existencia de Dios. Leyendo a Paul Sartre, encontré que para este filósofo todo era un absurdo, el hombre y las cosas eran un absurdo, y yo me planteaba la misma pregunta, quería saber si en realidad la vida y el hombre eran un absurdo. Buscaba la verdad, tenía un deseo de justicia, pero vivía en un mundo injusto. Para mí entonces el gran dilema era la existencia de Dios, dudaba, y entre exposiciones y pinturas, me di cuenta que tenía que pararme y encontrarme conmigo mismo, porque no quería engañarme.

Necesitaba ser sincero y aceptar la verdad. Esa verdad era que yo existía, que era y que mañana dejaría de ser. Veía todo a mi alrededor y me preguntaba para qué vivía, qué era la vida, si en verdad había algo o nada después. Y en esa situación de dudas y desconciertos, Dios tuvo misericordia de mí…

¿Fue entonces cuando Dios le impactó? ¿Qué pasó y cómo fue?
Dios permitió esa kenosis para hacerme más humilde quizá… En esa situación, en esa especie de túnel, me di cuenta que cuando ya no soportara que mi vida fuera más pesada, me pegaría un tiro, me suicidaría. Pero Dios tuvo misericordia de mí. Había leído al filósofo Bergson, que dice que la “intuición es un medio de conocimiento a la verdad superior a la razón. Era una postura muy racionalista, y en el fondo yo con mi razón estaba ofuscando mi intuición. Algo dentro de mí me decía que no, porque la belleza de la naturaleza y la intuición no estaban de acuerdo con el absurdo total de la existencia humana, entonces apareció Dios como la gran posibilidad.

¿Pero qué Dios? ¿El Dios de mis padres? Si el traje de la primera comunión me lo quité cuando llegué a la universidad, porque ya no me servía, entre compañeros marxistas, ateos. En esa situación no me quedó más remedio que ponerme de rodillas y decirle a Dios que si en verdad existía que me ayudara.

Pero yo buscaba razones y me preguntaba qué garantizaba que Dios realmente existiera. ¿Qué cosas concretamente? ¿La razón? ¿Lo que decía Santo Tomás del reloj y el relojero? No me servía… ¿Lo que decía la Iglesia? Tampoco me servía. Entonces insistía: “Dios, si existes, ayúdame…”

¿Pero en esa búsqueda parece que usted rehuía de Dios, que pasó cómo siguió el proceso?
Ocurrió algo muy importante y es que sentí dentro de mí que Dios existía, que me quería, y de pronto empecé a derramar lágrimas, yo nunca había llorado. De pronto me sentí como un condenado a muerte que le quitan la venda, entonces concluí que si Dios no existía, tampoco yo. Pero si Dios es también soy. ¿Y que me garantizó esa fe? El mismo Dios, porque dice San Pablo que “la fe es el espíritu de Cristo que desciende sobre el hombre, y da testimonio al espíritu del hombre de que Dios existe”.

La fe es un encuentro de sustancias, que se tiene o no se tiene, y no la claridad de todo ni con filosofía. Es un encuentro del espíritu de Cristo que se da en el espítitu del hombre. Dios hizo que yo fuera humilde, que aceptara que Él existe, que aceptara atarme, que no siguiera suelto, en ese sentido el Señor me eligió un poco, desde entonces descubrí a Dios que estaba dentro de mí.

¿Qué hizo entonces… a quien acudió?
Me presenté a un cura y le dije que quería ser cristiano, y me respondió: usted está bautizado… Yo quería decirle que no tenía formación cristiana, que necesitaba conocer, saber… Me respondió que por ahí había una cosa nueva que se llamaba Cursillos de Cristiandad”, y me llevó a uno de esos cursillos. Allí me quitaron muchos prejuicios, yo como muchos de mis amigos era un poco marxista, y allí me pusieron más a tono con la realidad. Después de un tiempo me invitaron a ser profesor de Cursillos, me pusieron al tono con la Biblia y la Teología, y ofrecía cursillos en el norte de África, Cáceres y otras zonas de España.

Siendo profesor de Cursillos de Cristiandad cambié mi pintura, empecé a ser arte religioso, fundé un grupo de artistas para ayudar al arte sacro, con arquitectos y gremialistas, el grupo se llamaba “Gremio 62”. Hicimos muchas exposiciones en Madrid y otros lugares…

¿Todas esas cosas las hacía usted impulsado por el espíritu o por su propia iniciativa?
Todo eso era iniciativa mía. Después tuve otro encuentro muy importante, mientras estaba dando cursillos y presentando exposiciones de arte sacro, muchas con mucho éxito. Esa vez me invitaron a representar a España en una exposición universal de arte sacro que hubo en Francia. En esta situación, un día fui a casa de mis padres a pasar la Navidad, y a la señora que trabajaba en mi casa la encontré llorando, y entonces me cuenta la historia que su marido alcoholizado le pegaba con un bastón y le pegaba con un palo, y que tenía un hijo adolescente, de quince años, que con cuchillo intentaba siempre matar al padre.

Me contó una historia realmente horrorosa… ¿Y yo cómo la puedo ayudar?, me pregunté. Y ella me llamó y me pidió que fuera a hablar con su marido, me dijo que mi presencia podía controlar a ese hombre, y que tenía miedo que se matara con su hijo de apenas 15 años.

Pensé que Dios me estaba pidiendo que ayudara a aquella familia y que buscara alguna forma para que este hombre no se emborrachara más. Y decidí irme a vivir allí, y me encontré en aquel ambiente. Recordé que el filósofo Sartre decía que “¡ay del hombre cuyo dedo de Dios lo aplaste contra el muro”… pues yo me encontré allí con mucha aplastada contra el muro: una mujer con el mal de Pakirson que su marido la había abandonado, y que tenía un hijo anormal que le pegaba con un bastón. Un cuadro terrible para esta mujer que pedía limosnas en la calle. Me quedé horrorizado.

¿Qué hizo, entonces, cómo siguió el proceso hasta llegar al camino?
El sufrimiento era terrible, y en las barracas entre aquellas gentes, entre aquellos gitanos, Cristo crucificado, en ellos estaba presente Cristo crucificado, y yo solamente quería arrodillarme ante ellos, porque veía en ellos a Cristo en la cruz. Pensé que debía vivir de rodillas ante los pies de Cristo crucificado, a los pies de aquella gente que era lo último de la tierra.

Hay un libro de un premio Nobel, Albert Camus, que se llama La Peste, sobre el sufrimiento humano. Fue por eso que escogí, después de estar en la casa de la señora con el marido borracho que le pegaba, un barrio de gitanos, unas barracas donde vivía gente que era como despojos humanos, pero veía a Cristo en ellos. Me metí en una de esas barracas abandonadas con mi biblia y una guitarra.

Había muchos perros vagabundos. Era invierno… y esos perros que se metían en la barraca me daban calor, creo que por eso no morí de frío. En aquel ambiente yo pensaba ponerme en adoración ante Cristo crucificado entre aquella gente de vida tan horrible…

Pero, ¿cómo hacía para evangelizar en aquel ambiente?
No, yo no tenía derecho, ellos eran Cristo crucificado, gentes con grandes sufrimientos, y quién era yo para predicarles a ellos, no tenía más derecho que ponerme de rodillas. Además, era muy difícil predicarle a aquella gente que no creía en nada. Pero Dios me tenía reservada una síntexis de catequesis, una forma de predicación, los gitanos empezaron a venir a la puerta de mi barraca y se sentaban en el suelo, como indios.

Algunos me pidieron que les hablara de Dios, pero estaba preocupado pensando cómo explicarles un rollo de los Cursillos en aquel ambiente, cómo les podría predicar. A un gitano que no sabe leer ni escribir, y que había que decirles las cosas claras, y al pan, pan, y al vino, vino… El papa Juan XXIII hizo la profecía de que “la renovación de la iglesia iba a venir de los pobres”, pues toda esa catequesis del Camino ha nacido allí, entre los pobres….

Allí se creó la primera gran comunidad del Camino. Entre aquella gente sentía la venida del Espíritu Santo de verdad. Pero un día resultó que llegó la Policía de Franco a tirar las barracas, y como yo conocía al arzobispo de Madrid, que era consejero del Reino, amigo de Franco, le llamé por teléfono… Era un milagro que el arzobispo contestara él mismo el teléfono. Le expliqué la situación y vino personalmente a las barracas. El Arzobispo estuvo allí en mi barraca, y se conmovió con aquella gente y aquella comunidad naciente de cristianos. Me dijo que su casa estaba abierta para mí, y cada vez que iba a verle me dada mil pesetas, nos ayudaba muchísimo.

¿Cómo es esa síntesis catequética? Porque el Evangelio es muy amplio, muy rico, y hay respuestas para muchas situaciones, entonces cuando usted plantea una síntesis catequética ¿es que usted está extrayendo una parte sustancial…?
Nosotros predicamos el kerigma, que es una palabra griega que significa “noticia”. San Pablo dice que Dios ha querido salvar el mundo a través de la necedad de la predicación o del kerigma, una noticia que cuando yo te la digo se cumple. Y la noticia es que Dios conoce quién eres tú, y sabe todos tus pecados, todos tus problemas y sabe que no eres profundamente feliz, y te ofrece la oportunidad de que tú tengas una vida distinta, una vida de verdad.

Y una vida en la verdad. Y solamente hay una verdad y es que a Cristo lo crucificaron en la cruz y que el Espíritu Santo les dijo a los apóstoles en pentecostés que éste era Dios.

Un hebreo jamás puede decir que un hombre es Dios, porque ni siquiera pueden nombrar el nombre de Dios, solamente lo nombran una vez al año, el día del Quipú. Eso es imposible, es solamente a través del Espíritu Santo, en Pentecostés, cuando lo entienden en su corazón, y les dice que este crucificado es Dios, y Dios solamente hay uno solo, y que ese Jesús era Dios.

Entonces ese amor que aparece en la cruz de Cristo es la verdad, tú vives en esa verdad, no, ni ninguno de nosotros. Vivimos en la mentira. La verdad es vivir en santidad, y eso significa que él mira a una mujer es un adúltero, para ser asesino no hace falta matar, como digas imbécil a tu hermano ya has asesinado. El que detesta a un hombre es un asesino, dice San Juan, y ningún asesino tiene vida eterna dentro. Esa santidad, que es la vida de Dios, Él la ofrece a todos los hombres.

Si tú aceptas la oblación que Cristo ha hecho de su vida por ti, te salvarás. Los hombres sufren porque no son santos, no aman, porque son egoístas. Cuando se den y amén a los demás, serán felices.

UN ARTISTA CONSAGRADO ENTRA EN CRISIS
Nacido en Madrid, España, de una familia adinerada, Kiko Argu¨ello, estudió arte en París, Francia, y llegó a ser uno de los pintores más reconocido en su país, donde ganó varios concursos internacionales.

Después de su conversión al cristianismo, cambió todo su arte y sus pinturas por cuadros y estampas sagradas. Formó un grupo de pintores y arquitectos de arte sagrado, el cual se destacó en varios países y también obtuvieron varias premiaciones internacionales.

UNA FUNDACIÓN RECONOCIDA POR CUATRO PAPAS
Argu¨ello habló de las “muchas dificultades, de los prejuicios de párrocos y obispos, de acusaciones y de historias extrañas por algunos que no conocen el Camino”, y habló también de “la disponibilidad, de la ayuda y de la solicitud con la que la Iglesia y los pontífices han ayudado al Camino Neocatecumenal”.

El primero en apoyar el Camino fue el papa Pablo VI. El papa Luciani (Juan Pablo I) lo quiso en las parroquias de Venecia cuando era aún Patriarca. Juan Pablo II lo reconoció “como un itinerario de formación católica, válido para la sociedad y los tiempos actuales”.

Benedicto XVI conoció a los neocatecumenales cuando era aún profesor en Regensburg, y trabajó para introducirles en las parroquias de Alemania.

A pesar de las acusaciones que resultaron falsas, de dividir a las comunidades parroquiales, de entrar en conflicto con la pastoral de algunos párrocos y obispos, el Camino Neocatecumenal ha crecido de forma increíble llenando iglesias y seminarios, con familias numerosas que cada vez más se ofrecen para llevar la misión católica al mundo.

Los números son impresionantes. Presentes en 1320 diócesis de 110 países en los cinco continenes, con 20.000 comunidades activas en 6.000 parroquias. Sólo en Roma, el Camino está presente en 100 parroquias y 500 comunidades. En Madrid están presentes en 85 parroquias y 300 comunidades.

Cientos de familias dejan temporalmente las parroquias para ir en misión a zonas marginales difíciles: barrios a menudo degradados, donde la Iglesia encuentra dificultades en hacerse presente y ayudar a las personas.

La eficacia y la fuerza de la catequesis del Camino la demuestra también la apertura de 78 seminarios diocesanos misioneros Redemptoris Mater, de los cuales 37 en Europa, 26 en América, 7 en Asia, 6 en África, y 2 en Australia.

Desde 1990, año de las primeras ordenaciones, hasta hoy, los presbíteros ordenados en los diversos seminarios Redemptoris Mater son más de 1600 y hay cerca de 2000 actualmente preparándose para recibir las Órdenes sagradas.

Confirmando una profunda vocación misionera, desde 1985 el Camino envía familias numerosas en los lugares donde la fe esta desapareciendo o no ha llegado nunca.

En 1985 Kiko, Carmen y el padre Mario, presentaron a Juan Pablo II un proyecto para reevangelizar el norte de Europa con el envío de familias misioneras, acompañadas por presbíteros. En 1986 el Papa envió las primeras tres familias: una al norte de Finlandia, otra en el barrio rojo de Hamburgo y la tercera a Estrasburgo.

Hoy, el número de las familias del Camino en misión para la nueva evangelización en 78 países es de más de 800, con 3.097 hijos, de las cuales 389 en Europa 189 en América, 113 en Asia, 56 en Australia, 46 en África y 15 en Oriente Medio.

Se trata de familias que, a través del anuncio del Evangelio y de un itinerario de iniciación cristiana, han sido reconstruidas, han redescubierto el don de la comunión, y por ello se han abierto a la vida, y que por gratitud a Dios se ofrecen para ir allí donde haya necesidad del testimonio cristiano.

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  • Yris Pichardo

    Gracias a Dios, Kiko envio misineros a Santo Domingo, Rep. Dominicana, hoy estoy en una comunidad por la misericordia de Dios pues el me ama y quiere lo mejor para mi. Kiko, sigue adelante con la palma de la victoria.El Espiritu Santo te siga guiando y bendiciendo.