El Evangeliario: ese gran desconocido.

Es más desconocido que el ritual de exorcismos. De hecho, en el Instrumentum laboris del Sínodo de este año no se sabe qué es, y se le prefiere llamar ‘Biblia’: “Después del Concilio Vaticano II, se lee más la Palabra de Dios, especialmente en referencia a la liturgia eucarística. En muchas Iglesias se ofrece un puesto privilegiado a la Biblia, exponiéndola en modo visible junto al altar o sobre el altar, como se acostumbra en las Iglesias Orientales”. Pero no es lo mismo la Biblia que el Evangeliario. Como su nombre indica, es el libro que contiene los evangelios. ¿Por qué reservar un libro para la lectura de los evangelios? Los prenotandos del leccionario nos pueden dar una idea:
“Puesto que la proclamación del Evangelio es siempre el ápice de la liturgia de la palabra, la tradición litúrgica, tanto occidental como oriental, ha introducido desde siempre alguna distinción entre los libros de lecturas. En efecto, el libro de los Evangelios era elaborado con el máximo interés, era adornado y gozaba de una veneración superior a la de los demás leccionarios. Es, por lo tanto, muy conveniente que también ahora, por lo menos en las catedrales y en las parroquias e iglesias más importantes y frecuentadas, se disponga de un evangeliario bellamente adornado, distinto de los otros leccionarios. Con razón, este libro es entregado al diácono en su ordenación, y en la ordenación episcopal es colocado y sostenido sobre la cabeza del elegido” (Ordo lectionum Missae 36).
Los prenotandos del Evangeliario -sí, existen- van más allá, diciendo que “el Evangeliario se presenta en la liturgia como signo del mismo Cristo y es venerado con el beso como se hace con el altar” (n. 14). El rito hispano-mozárabe también conoció el uso del Evangeliario, como nos dice J. Pinell: “En uno de los apéndices de su edición, pp. 729-734, J. Pérez de Urbel reproduce un fragmento del siglo XII, copiado en Santa Justa y Rufina de Toledo, que es exclusivamente evangeliario. Pertenece a la tradición B” (Liturgia hispánica, Barcelona, 1998, 42). En el rito bizantino se llama Evangelion, y es llevado en la procesión hacia el altar y en la “pequeña entrada”. Después de su lectura, el presbítero bendice al pueblo con él, costumbre que se ha adoptado en el rito romano por el Papa y, recientemente, también por los obispos.
El Evangeliario debería existir, por lo menos, en catedrales y en parroquias importantes. En una parroquia donde haya un diácono no puede faltar, pues es su instrumentum laboris, por lo menos dominical.
Los prenotandos del evangeliario (Evangeliarium pro diebus praesertim dominicis et festis, iuxta editionem typicam alteram Ordinis lectionum Missae exaratum, Praenotanda) están traducidos enLos tesoros bíblicos de la Misa (Cuadernos Phase 153).

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  • Jorge Flores

    Esperemos que, poco a poco, se vaya generalizando el uso del Evangeliario, ya que contribuye a mostrar al pueblo la importancia que debe tener la palabra en la liturgia. Es triste observar que, en algunas parroquias, la proclamación de las lecturas e incluso del evangelio ¡¡¡se hace utilizando una hojita!!! Esto está bien para la devoción privada, para que los fieles lo lleven a sus casas, pero creo que litúrgicamente no es conveniente su utilización…