La doble numeración de los salmos

¿Por qué los salmos se citan con dos números de capítulo distinto, uno normal y uno entre paréntesis? ¿cuándo se usa uno y cuándo el otro? El trabajo se acerca a esa pregunta sencilla y exterior, pero se permite también aprovechar la excusa de una pregunta exterior para asomarse a algún aspecto del proceso de formación del Salterio.

No es que este tema tenga importancia interpretativa en relación a la Biblia, pero resulta confuso al lector poco habituado esto de que los salmos se citan generalmente con un número, y otro entre paréntesis; por otra parte cuando el lector va al calendario litúrgico y decide leer el salmo que se cita, luego lo encuentra en la Biblia, pero con el número cambiado. Así que decidí preparar este escrito para ayudar a entender el problema.

La diferencia de numeración se suscita entre la versión griega del AT (llamada “Septuaginta” o de los LXX) y el texto hebreo llamado “Texto masorético”. A Nosotros llega la numeración griega a través de la versión latina llamada “Vulgata”.
Como todos los textos litúrgicos provienen de la organización del texto en la Vulgata, en la liturgia se usa la numeración septuaginta/vulgata, mientras que en todo lo demás, se usa la numeración hebrea.
En los dos casos hay 150 salmos, pero hay uniones y divisiones de textos en medio, de modo que no resultan numeraciones homogéneas. Así que:

-Siempre hay 150 salmos

-Todo lo que tiene relación con la liturgia se numera según la tradición Septuaginta/Vulgata

-Para todos los demás usos, se utiliza la numeración hebrea

Una vez sintetizado esto, veamos más en detalle las diferencias:

En la tradición Septuaginta/Vulgata, el Salmo 9 y el 10 del hebreo forman uno solo, por lo tanto, a partir del 11, todos los salmos tienen un número menos que en la numeración hebrea:
el 11 es 10, el 12 es 11, el 51 es 50 etc… hasta el salmo 146 (es decir: 147 del hebreo), que se divide en dos, por tanto la segunda parte del 146 se llama 147, y como el hebreo no divide ese salmo, desde el 148 las dos numeraciones se igualan, y siguen igual hasta el 150.

Hay un problema más en medio:

Resulta que el salmo griego 113, que debería ser el 114 hebreo, también une dos salmos, el 114 y el 115, así que allí comienza una distancia de dos números en cada salmo, pero enseguida se subsana el problema, porque el griego divide en dos el salmo 116 hebreo (es decir, el 114 griego), así que de nuevo recobra la diferencia de 1 salmo, que se mantiene hasta -como ya he dicho- el 148.

 

 

Despejando la confusión

Todo esto suena a galimatías, pero probablemente con una tablita comparativa quede más claro:

Numeración griega

corresponde a hebreo

 

1…8

1…8

iguales

9

9+10

comienza la diferencia de 1

10

11

 

11…112

12…113

mantiene la diferencia de 1 (el hebreo numera con 1 más)

113

114+115

comienza la diferencia de 2

114

116/1ª parte

 

115

116/2ª parte

 

116

117

se volvió a la diferencia de 1 en favor del hebreo

117…145

118…146

 

146

147/1ª parte

 

147

147/2ª parte

quedan igualadas las numeraciones

148…150

148…150

iguales

 

Así que, por ejemplo, si vemos: Salmo 119 (118) significa: el salmo 119 de la numeración hebrea, que es 118 en la griega/vulgata.

Esto es importante: cuando se citan las dos cifras, siempre se ponen en ese orden: la hebrea primero (por ser el idioma original de los salmos), y la griega entre paréntesis. de todos modos, nos damos cuenta de que la que está entre paréntesis es la griega/vulgata porque tiene uno menos.

Ahora bien: a veces no se citan las dos cifras sino sólo una; y entonces tendremos presente lo siguiente:
Si el contexto es litúrgico (un misal, un breviario, un calendario litúrgico, un escrito sobre las lecturas de la misa, etc.) la numeración será la griego/vulgata, en cualquier otro caso se tratará casi sin ninguna excepción de la numeración hebrea, que es la estándar en la actualidad. por supuesto que si tenemos dudas, lo único que nos quedará por hacer es ir a la Biblia y mirar a ver qué es lo que concretamente se está queriendo citar.

Una vuelta más de tuerca

Si sólo deseabas saber cómo numerar, ya terminó toda la exposición, lo siguiente es de otro orden, porque más bien nos preguntaremos: ¿Pero quién produjo el problema? ¿fue el redactor hebreo, el compilador griego, o el posterior recompilador hebreo?

En realidad es imposible para nosotros trazar la historia entera de este problema de numeración, porque no sabemos exactamente cuándo los salmos adquirieron el carácter de colección que tienen ahora. Fue, sin duda, antes del siglo II aC, porque los traductores de la versión griega de los LXX, que completaron su trabajo a mediados de ese siglo, ya conocieron esta colección… ¿pero la formaban 150 piezas?
En realidad no tenemos testimonios anteriores a la versión de los LXX, pero algunos cortes entre salmos se nos muestran verdaderamente arbitrarios, por ejemplo:

  • Los salmos 9 y 10 son dos poemas “alefáticos”, es decir que cada nueva estrofa comienza con la letra siguiente -en secuencia- del abecedario hebreo (por supuesto que eso no se refleja en castellano). Es una forma poética muy usada en la Biblia. Ahora bien, en la versión hebrea el poema 9 llega hasta la “kaf”, la mitad del “abecedario”, y el poema 10 comienza por “lamed” (la siguiente letra): es evidente que el poema ha sufrido un corte artificial, y que es mucho más acertada la versión griega cuando deja juntos en uno estos dos poemas.
  • Los salmos 42 y 43 son con toda evidencia (y así lo reconoce cualquier crítico) parte de un mismo poema: no sólo utilizan el mismo estribillo, sino que la reflexión comenzada en 42 no acaba realmente hasta el 43. Sin embargo, tanto la versión hebrea como la griega los numeran como dos poemas distintos.
  • El salmo 116 tiene un evidente cambio de tono y de ritmo en el versículo 10: eran, casi con seguridad (como lo vio la versión griega) dos poemas, no uno.
  • El salmo 14 es exactamente el mismo que el 53; el 70 que un fragmento del 40; y así pasa con un par más.

¿Se puede hablar entonces de una colección “natural” de 150 salmos? ¡sin duda que no! más bien el número de 150 se alcanzó artificialmente, uniendo y dividiendo, duplicando y redistribuyendo, por algún motivo del que hoy no tenemos ni la más remota idea.
Los números, y sobre todo la simetría numérica, eran para el hombre antiguo (lo son para el espíritu religioso de todos los tiempos, pero en la modernidad eso está un poco más dormido) algo muy significativo; no es de extrañar que, una vez comenzado el proceso de colección de estos poemas, los compiladores hayan llegado a concebir la idea de que “debían ser” 150, y no 149 ni 151. ¿Qué representa el número 150? nada en particular, pero ¡a que suena armonioso! pues por ese motivo, muy probablemente, se haya llegado a cortar la colección de la manera en que se hizo.

Porque debemos tener presente que los salmos no nacieron de un día para el otro ya coleccionados, sino que las piezas poéticas fueron aglutinándose conforme al uso (el culto, la coronación del rey, la boda real, un nacimiento, una muerte, etc), conforme al prestigio de sus autores o compiladores (hay salmos atribuidos directamente a David, y otros a la escuela de Córaj, o a la de Asaf, o incluso uno a Salomón), conforme al género musical (hay salmos rotulados como de un género musical u otro, rótulos que a veces son indescifrables para nosotros).

Todo ese conjunto de piezas, que más o menos habría adquirido una cierta unidad estable hacia la época en que se traudjo la versión de los LXX, fue recogido por ésta como una colección de 150 poemas. ¿Los numeró el traductor griego? Nadie lo sabe; mi opinión personal (pero tómese como eso) es que sí, que la idea de dividir la colección en 150 piezas es del traductor griego, y que con eso sentó la imagen, muy atrayente, de un número redondo, y que hasta podía convertirse en evocativo. En efecto, el 15, en hebreo (no en griego) es un numero “sacro”, porque se debería formar con la iod y la he, que son las letras iniciales de Yahvé (precisamente por eso los judíos no escriben el 15 como 10+5, es decir iod + he, sino como 9+6 -tet+vav-, para evitar blasfemar sin querer). No digo que el traductor griego haya tenido esto presente, lo que pienso es que a él le atrajo el número simplemente redondo de 150, pero que una vez sentado pudo evocar -con posterioridad- esa representación del 15 sobrebundante…

Y tal vez por eso, ahora sí cuando en el medioevo -es decir, mucho después de los LXX- los sabios judíos llamados “masoretas” (los portavoces de la tradición) al numerar los salmos, corrigieron algunos desperfectos de la división interna de las piezas, no quisieron renunciar al número de 150, y artificialmente introdujeron cortes distintos a los de la versión griega para que la cifra total no se perdiera.

Para entender todo este proceso debemos tener muy presente que la Biblia no nace numerada, sino que la numeración de capítulos y versículos es como una tela transparente sobreañadida al texto; tela en la que tejieron muchas manos: manos cristianas y judíos de distintas épocas. esa numeración a veces obedece a criterios literarios, de orden interno al texto, y a veces a criterios externos que se nos escapan.

Volvamos entonces a la pregunta: ¿quién tiene razón al numerar, la versión griega o la hebrea? las dos… y ninguna; en las dos tradiciones la numeración es artificial, realizada por “espíritu de simetría” más que por espíritu contable, y más bien hay que leer los salmos no como un conjunto de piezas adosadas sino como una unidad poética total que se desgaja ya en una alabanza, ya en una endecha, ya en una acción de gracias. Y la numeración: la que se use en cada época, ésa es la mejor.

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